Demencial de Campos, tierra de locos (breve introducción a la teoría de las lindes)

Relato sobre Demencial de Campos
Una ballena en Dementia

Vale, ¿y qué carajo pinta una ballena en mitad de un descampado?

Bueno, tal vez para los habitantes de Demencial de Campos, un minúsculo y atípico pueblecito dejado de la mano de Dios allá por la estepa manchega, este tipo de, digamos situaciones especiales, están empezando a ser de lo más habitual. Y todo, a pesar de los enormes… (tampoco exageremos, dejémoslo en meritorios) esfuerzos que Helenio, el tonto del pueblo, adalid de las causas absurdas, borracho consumado y poseedor del curioso don de predecir el futuro, se encarga de repetir una y otra vez. Lástima que Helenio perdiese media lengua en una timba y apenas se le entiende lo que dice. Tal vez de otra forma alguien le tomaría un poco más en serio cuando anunciase la inminente llegada del Apocalipsis. Porque de lo que no cabe la menor duda es que el fin de los días está a la vuelta de la esquina y bien por casualidad o por capricho del destino, en el capítulo 16, versículo 2 del Libro de las revelaciones, el apóstol Juan lo deja bien clarito: … y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia… Y, otra cosa no será, pero bestias, marcas y pestilencia sobran en Demencial de Campos, así pues, tiene todas las papeletas para ser quien lo inaugure…, y con total seguridad allí acudirán la alcaldesa del pueblo, Anita la bien querida y su séquito de incondicionales, que no hay sarao ni banda de terciopelo que se les resista. En fin, que todo es cuestión de leer entre líneas… Aunque claro, suponiendo que alguien prestase atención a Helenio y a) Eliminase la barrera ininteligible del habla, todavía quedaría ese otro pequeño detalle que sería el b) Helenio es un borracho temoso, de esos que llevan más destilación que sangre en el cuerpo y al primer chato lo mismo se arranca por bulerías que entona un Las vacas del pueblo ya s´han escapaú, riau, riau… Y así, ya puedes decir misa que te van a hacer el mismo caso que los niños a las lentejas. Que se lo digan a Antón, tabernero de pro, propietario de la tasca del pueblo y último independentista andaluz con carnet de socio. Por cierto, su señora tiene una mano para la tortilla de patata con cebolla, que ya quisieran todos estos de la nouvelle cuisine. Pues eso, que le pregunten a él, que es quien le aguanta al final de jornada. Aunque Antón también se las trae, no crean, pero bueno, no nos vayamos por las ramas…

Decía que en Demencial de Campos ha aparecido una ballena en mitad de unas eras. Y no es cuestión de que los Altamirano se líen a mamporros con los Berruezo o viceversa, que con poquito van cualquiera de los dos, y más teniendo en cuenta que la relación entre ambas familias lleva fría desde mucho antes que Tomasa Altamirano, estudiada y buena moza, se fugase con el menor de los Berruezo, al descubrir que estaba encinta. Igualito que Romeo & Julieta suspiraban en el pueblo. Si no fuese, claro está, porque el menor de los Berruezo era más feo que pegar a un padre y a nadie le cabía en la cabeza cómo enamoró a la muchacha. Aunque nunca faltaba quien aseguraba en tono jocoso y agitando el brazo como trompa de elefante, que él sí que sabía cómo. En fin, que el jodido cetáceo había ido a parar justo en medio de la linde y en ésas estaban… Pero ahí no acaban los sucesos. Antes de la ballena, el padre Agustín, párroco y confesor del pueblo, se quedó embarazado. Y una semana antes Luisita, la hija bastarda de la Josefa, de los cacharreros de toda la vida, juró y perjuró haber sorprendido a Toby, un cruce entre pastor belga y mastín andaluz de ocho años, sentado en el butacón que hay junto a la chimenea, ataviado con el batín de su abuelo, agitando una copa de brandy y recitando en voz alta unos versos de Valle-Inclán… Por no mencionar a la viuda Amalia, una octogenaria fanática de los Kiss, que no hace ni dos semanas que dio a luz un precioso huevo de tres kilos trescientos gramos… No me negarán que cuando antes me refería a situaciones extrañas tenía toda la razón, ¿verdad? Y es que algo raro está pasando en Demencial de Campos, pero cada vez más, a menos gente sorprende.

A todo esto aparecerá Arturo Figuerola, apocado marchante y respetado padre de familia, que huyendo de un altercado en un hotel de carretera, inducido a partes iguales por la casualidad y por esa manía suya de estrangularse mientras se masturba, ha ido a parar a este simpático terruño tras una frenética persecución en la que volaba por las carreteras comarcales para salvar la vida de un absurdo malentendido con Dimitri, un armario empotrado del este, de dos metros y medio y un tatuaje de amor de madre que le adornaba todo el pecho y se perdía por detrás de las orejas. Cuando la ley hecha carne, o sea, Justino el tirillas, cincuenta kilos de hombre, incorruptible hijo y nieto de policías, le eche el guante a más de 140 kilómetros por hora, le invitará a conocer Demencial, previo paso por sus calabozos. A la mañana siguiente, tras una horrible noche junto a Antonio el carcelero, eterno aspirante a imitador de Antonio Molina y Juanito Maravillas, preso número 134 y yoguista consumado, estancado los últimos 35 años en la postura de la flor de loto, nuevamente, la casualidad volverá a hacer de las suyas y estallará la bomba de agua del coche de Arturo, por lo que, muy a su pesar, acabará con sus huesos en el desguace de Tobías, manitas de profesión y guarro como él solo. La pieza de repuesto no llegará hasta el día siguiente y Arturo tendrá que esperar en Demencial de Campos, tierra de locos, mientras todo un catálogo de personajes y situaciones de lo más variopintas desfilarán ante sus narices.

¿Y yo por qué os estaba contando esto? Ah, sí, ¿qué demonios pinta una ballena en medio de un descampado?

 

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